Posteado por: tallerparaescritoras en: Abril 14, 2009
3.15.- ¿INFIDELIDAD CONGENITA?Con Segunda Oportunidad, Esperanza termina la trilogía de la cual también forman parte Gracias por no Quitarme a Vida y, La Maldad. Al mismo tiempo, es este el trabajo que cierra las publicaciones del tercer ejercicio llamado YO ESTUVE AHI. Esperanza: este material tuyo está impregnado de misticismo. Se requiere de gran fuerza, fe y valor para escribir así pero sobre todo, de amor por la vida.
SEGUNDA OPORTUNIDAD
Esperanza
Estoy sentada aquí en la modesta sala de mi casa, y me pregunto una y otra vez, ¿qué hago? ¿qué hice? ¿qué he hecho? Miles de preguntas golpean mi memoria, mi ser y no encuentro respuesta alguna, siempre me contesto pero es que, pero, pero y pero… Así pasan las horas sin darme cuenta, martirizándome y haciéndome mucho daño y la única respuesta que tuve, es que fui la víctima de circunstancias de la vida misma. Estuve en el lugar y momento preciso y por eso me pasó lo que tenía qué pasar. Esa fue la conclusión a la que llegue, aquella tarde de primavera, en la que el sol, las nubes y el trinar de los pajarillos, le daban a mi existencia un poco de luz, de alegría a mi oscura vida.
Hice un recuento de mi existencia, comenzando por el principio: Mi concepción. Nací de dos jóvenes llenos de esperanzas de vivir libres, cual dos animalitos en el campo, que a su corta edad no comprendían la responsabilidad de tener relaciones sexuales. Se dejaron llevar por la pasión desenfrenada que sentían ambos, al tocar sus cuerpos que en aquellas épocas estaba prohibido o castigado por las personas mayores. Se dejaron llevar una y otra vez, por la maravillosa sensación de ser libres, y al cabo de un tiempo las consecuencias fueron un embarazo no deseado, del cual yo era el fruto a de su amor, o tal vez de la pasión desenfrenada que tuvieron.
Al paso del tiempo las cosas, entre ambos terminaron, la separación fue rotunda, cada quien su vida, sus vicios, su libertinaje. De esa relación quedaron tres hijos en la más triste soledad, y a merced de la maldad, que al parecer nada más a mí me quitó la inocencia. No he querido descubrir más por miedo, sí, mucho miedo a la verdad, que se que me va a doler muchísimo llegar a encontrar que la maldad lastimó a más seres inocentes.
Le grite a Dios ¡Yo soy tu hija!, ¿por qué me pasó todo esto? No me amabas, eres malo, muy malo no que nada más eres amor, por qué la vida se ensañó conmigo, escúchame ¿no me oyes? estoy aquí. Ayúdame, me quiero morir. ¿Por qué me diste la vida? ¿Para qué? Nunca había tenido el valor de gritar todo lo que mi corazón sentía. Siempre mi madre me decía Dios es amor, y yo siempre disculpaba todo. Escúchame, quiero verte, dime ¿por qué yo que sólo quiero amor, vivir y ser feliz? Si alguien me hubiera escuchado diría que estaba loca y esquizofrénica por renegar, por maldecir al ser más maravilloso que es Dios, pero a mí en esos momentos no me importaba nada, yo quería explicaciones, yo quería respuestas a tanto dolor.
No hacía otra cosa más que llorar, en segundos teniendo misericordia y en otros lacerándome, diciendo fue tu culpa. No se en qué momento por el cansancio de tanto pelear, me quedé profundamente dormida, perdí conciencia de mi, eso puedo decir, pero la verdad es que no se realmente que pasó. Vi cómo mi espíritu se desprendía de mi cuerpo y subía como si volara, o flotara. Tenía miedo, mucho miedo, que poco a poco fue desvaneciéndose. ¿Qué pasa?, me preguntaba una y otra vez, estando junto a Dios. Se lo pedí, más bien se lo exigí, me tomó entre sus brazos, me cargó como si fuera una pequeña niña de siete años, me llevó al lugar más hermoso que existe en el Universo, al lugar donde los ángeles viven , donde no existe la maldad, el miedo, el dolor. Ese lugar es su corazón, mis lágrimas no dejaban de recorrer mis mejillas, me sentía indigna de estar ahí, yo que tanto le había gritado maldecido, no era merecedora de estar junto a El.
Soy mala, muy mala, he maldecido una y mil veces mi vida, a pesar de que me has colmado de tantas alegrías, del regalo mas grande que una mujer puede desear que es el poder ser madre. Dios escuchaba mis reclamos sin decir ni una palabra, ni un gesto, esperaba entones que me regañara, que me dijera, que efectivamente era mala.
Me tomó de la mano y me dijo pequeña, estás aquí conmigo, es tiempo de que hagas un inventario de tu vida, las cosas buenas y las malas que has vivido, dime tus cualidades y tus defectos.
Empecé por decir lo malo, pues es lo primero que recordaba. Y la lista era interminable, empecé por decir que era mala hija, mala hermana, mala madre, mala esposa, que no pude defenderme de la maldad, que era mentirosa, no puede darles vida a dos de mis hijos, egoísta, mentirosa, hipócrita, criticona y un sinfín de defectos que tenía, pero cuando por fin tocó decir una cualidad no pude, en mi lista no tenia ninguna: no era bonita, no conocía el significado de la palabra amor, felicidad, ni nada bueno, era una mala persona en toda la extensión de la palabra.
Y comencé de nuevo a llorar. ¿De verdad, no tienes ni una cualidad, ni una, aunque sea pequeña? Y lo dije ¡No!..
Por qué me lo preguntas si tú me conoces muy bien. Por eso te lo pregunto ¿de verdad que no tienes ni una cualidad? Y volví a repetir ¡No!, para eso vine y, de nuevo comencé a llorar, para que me juzgues, para que me critiques. Otra vez la ira invadió mi corazón.
En esos momentos El empezó a enumerar cada una de mis cualidades y dijo: Eres una niña con un hermoso y grande corazón, eres la luz en el camino para tu mamá, eres una buena amiga, sincera, tus hermanos te aman, le diste la vida a tres hermosos hijos, tu esposo te ama , y lo más importante de todo es que me tienes a mi, en tu vida y en tu corazón, todo lo que has vivido bueno o malo, esta perdonado. Yo no te juzgo, yo te amo, tienes muchas cualidades búscalas y encontrarás, deja todo el dolor, el sufrimiento, la ira, los resentimientos, el odio, todo lo malo déjalo aquí. Así que mi niña tienes una segunda oportunidad, para dar amor, a tus seres queridos y a ti misma.
Perdona a todos los que algún día inconscientemente o conscientemente, te hicieron daño o te lastimaron. Perdonar es la palabra clave, para encontrar el camino de la felicidad.
Padre mío, tus palabras dan una esperanza de Amor, perdona por maldecir, odiar, y sobre todo porque no me amo. Gracias, un millón de gracias por enseñarme el camino correcto, y sobre todo por darle alivio a mi espíritu, nunca pensé que yo podría merecer tanto, el conocerte, el poder sentir el calor de tu mano y tu protección. Fue algo bello, el lugar más hermoso del Universo, pero sabes…. no quiero regresar, deseo quedarme a tu lado, por toda la eternidad, este lugar es maravilloso, se respira una paz, y mucho amor, ¡por favor! déjame quedarme a tu lado.
¡No!, tienes una misión y la debes cumplir, todavía no es tiempo de que estés aquí, vive y da amor, esa es la clave.
¿Amor, pero como voy a dar Amor, si nadie me lo ha dado? Sonrío y me dijo: ¿Nadie, estás segura que nadie te ama?
Desperté y con asombro vi que en la mano tenía una rosa blanca. Los milagros existen y Dios con su maravilloso amor, me dio una segunda oportunidad. Ahora que mi corazón esta limpio y lleno de paz, puedo seguir el camino, tengo tres hijos y un esposo, tengo a mi mamá a mis hermanos, tengo muchos amigos, tengo todo para ser feliz, y lo mas importante, de todo tengo fe, esperanza, amor y lo tengo a El.
Después de esa maravillosa vivencia, mi vida cambió. Ahora disfruto todo, sí todo, el sol, las nubes, las caricias del viento, los árboles, el calor, el amor de mis pequeños, la vida misma. No tengo palabras para describir lo que sentí en el momento en que lo vi. Lo sentí y de verdad que estuve ahí, con El, el ser más maravilloso, que hay: mi padre amado, Dios.
Y para cerrar este relato, permítanme decirles que todo lo que he vivido, valió la pena… Y si hay un final feliz en cada historia, el mío lo es y lo será por siempre.
Tengo mucho trabajo por delante, yo sé que seguiré cometiendo errores, pero sé que no estoy sola, El está a mi lado y con su presencia y amor, saldré adelante.
Gracias por mi vida, gracias porque la maldad sí tomo mi inocencia, pero no mi espíritu. Gracias por mis hijos, gracias por los tropiezos, gracias por dejarme despertar con una nueva vida, gracias por compartir mi vida, en este espacio, gracias por dejarme sacar de mi corazón todo el odio y el resentimiento. Gracias, una vez más.
Soy una nueva mujer, con un corazón nuevo y sobre todo lleno de amor por la vida.
Vivo y seré feliz por siempre ¿Y saben por qué? Conocí a Dios. Aunque no lo crean, así fue… El con su maravillosa misericordia y con su vida, me demostró que sí se puede vivir en paz.
NOTA: Mis queridos lectores, Gracias por no Quitarme la Vida, La Maldad y, ahora, Mi Segunda Oportunidad, sí tienen un final feliz.
Abril 16, 2009 a 12:09 am
Gracias, por abrir este espacio,donde las mujeres pueden expresar lo que piensan, lo que sienten, y claro lo que vivien.
De verdad , que cada relato, es de una calidad excelente, gracias una vez mas.